La reconstrucción de la "Casetina" en Serradilla

Hace unos años, cuando aún me encontraba morando en el Convento de El Palancar, tuve la suerte de ser invitado a la inauguración de la “reconstrucción de la Casetina”, en Serradilla.

En esta casetina, la tradición serradillana, sitúa a fray Pedro de Alcántara, en sus correrías por esa sierra, aunque no hay documentación que lo atestigüe. Sí hay dos testimonios recogidos en el proceso de Beatificación en Plasencia, y que sitúa al santo por las calles de este pueblo extremeño.

Os trasncribo los dos testimonios de vecinos de este precioso pueblo.

La primera que aparece es una tal Doña Inés Suárez de Trejo, vecina de Serradilla y que conoció al santo, cuenta el respetuoso homenaje del público al verle por las calles. Y nos lo dice ella en el Proceso de Beatificación en Plasencia, dice así: “asegura que le vio en ocasión de una fiesta de que esta testigo, en compañía de su tía, venían del monasterio… y esta testigo y las demás personas que venían con ella entendieron que aquel ruydo se movió por la admiración y espanto que causava en todos la vista deste grande baron por la opinión y fama que tenía entonces su gran santidad”.

Otro vecino que aparece es un tal Juan Martín de Don Gil el mozo, natural de Serradilla y que manifestó, también en el mismo proceso de beatificación, haber visitado una y muchas veces la celda de fr. Pedro, “que no tiene más de cuatro pies y mediio poco más o menos y que dentro della estava una corchita sobre la qual el dicho padre fr. Pedro decían estava de ordinario y le servía de cama y también estava un canto en que se decía reclinava su caveça y que no dormía echado sino de rodillas sentado sobre ellas encima de la dicha corcha más de ora y media que era el sueño ordinario que dava a su cuerpo”.

Os adjunto el enlace en el que aparece dicho artículo.

http://serradilla.com/index.php?option=com_content&task=view&id=188&Itemid=234

Patrono de Extremadura

JUAN  XXIII, PAPA    

Para perpetuo recordatorio

 

El común solar de la patria suele ser vínculo de comunión entre todos sus habitantes, bien sea por las costumbres de la vida, bien por los lazos de la amistad. Cuando alguien de los conciudadanos, superado con notoriedad el curso de su vida, emigra a las bienaventuradas mansiones del cielo, aquella antigua relación no sólo permanece sino que resulta más íntima y más fuerte; de ahí resulta que la benevolencia se trueca en piedad y la popularidad y renombre, en honor subido.

No de otro modo entre SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, esclarecido hijo de la región de Extremadura (como es sabido) y sus compatriotas ha surgido un amor especial. Él, mientras vivió en este mundo, deseando devolver a la Orden de san Francisco de Asís su primigenio vigor, nos dejó sublimes ejemplos de penitencia y pobreza; ardiendo además  en el amor a los hombres, no dudó en ofrecer su vida por los hermanos, y ahora no cesa de proteger a sus compatriotas orando incesantemente por ellos ante el Señor. De este modo la devoción a él crece más y más cada día, con abundancia de frutos espirituales.

Por este motivo, al cumplirse el cuarto centenario de su piadosísima muerte, se están preparando magníficas celebraciones, de las que son protagonistas no sólo los sacerdotes de uno y otro clero sino también los poderes públicos y todo el pueblo cristiano; a lo que hemos de añadir el no dudoso testimonio de un culto ininterrumpido y el exquisito deseo de elegir a SAN PEDRO  por PATRÓN, a una con SANTA MARÍA DE GUADALUPE, que de tiempos atrás es ya la PATRONA.

Los venerables obispos de esa región, interpretando el anhelo de sus fieles, por medio de nuestro querido hijo Enrique Pla y Deniel, cardenal presbítero de la santa Iglesia Romana, arzobispo de Toledo y primado de España, nos pidieron que confirmáramos semejante elección, lo que benignamente acordamos por el presente escrito.

Consideradas atentamente todas las cosas, con la consulta a la Sagrada Congregación de Ritos, conocido ciertamente el tema y tras madura deliberación, por la plenitud de la potestad apostólica que se nos ha dado, en virtud de estas letras y a perpetuidad, elegimos, hacemos y declaramos a san Pedro de Alcántara, confesor, PATRONO PRINCIPAL ante el Padre celestial de toda la región extremeña de España, a una con santa María de Guadalupe; con todos los honores y privilegios litúrgicos que son propios de los patronos principales de los lugares. Sin que nada en contra lo impida.

Declaramos y establecemos que estas letras consten y permanezcan inviolablemente firmes, válidas y eficaces; que surtan y obtengan su pleno e íntegro efecto, alcanzando de lleno ahora y para siempre a cuantos en ellas se refieren, presentes o futuros; igualmente se han de interpretar y definir de forma correcta, estimando desde este momento nulo y sin valor jurídico alguno todo lo contrario a esto, que por cualquier autoridad, consciente o inconscientemente, se intente realizar.

Dado en Roma junto a san Pedro, sellado con el anillo del pescador, el 22 de febrero de 1962, cuarto de nuestro pontificado.

H. J. cardenal Cicogani,

Secretario de Estado

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